El frondoso bosque de la conspiración
Acerca de la obra multimedia del colectivo de artistas franceses U2P050
¿Y si lo que vieras fuera el resultado de un proceso? ¿Y si el proceso no requiriera del pincel y del óleo, de la espátula y la acuarela, de la cámara fotográfica, del grabado en una plancha, de las tijeras? ¿Y si en el resultado se advirtiera el proceso, al menos en las capas simultáneas y las superposiciones? ¿Y si la inteligencia artificial te suplantara y se encargara de la composición? ¿Y si en el plano convergieran tramas y escenarios pasados y presentes, delirios, secretos a voces, chismes, gestas históricas y aparentes verdades? ¿Y si en el bosque se cruzaran los varios mundos posibles, los que el hombre pergeña con su mente frondosa, las ficciones que nos circundan?


Lo anterior es una representación de los cruces, distancias, intersecciones y lazos entre las teorías conspirativas que se han ido acumulando a lo largo de siglos. La convivencia de las teorías en el plano se logra mediante un trabajo multidisciplinario entre arte, tecnología y filosofía. La labor de investigación previa consiste en explorar el vasto universo de las locas interpretaciones con que la verdad se trastoca y borronea.
Hay teorías conspirativas locales, basadas en hechos ocurridos en países o regiones; y también las hay generales, aplicables a la totalidad del planeta. Existen, asimismo, conspiraciones a secas y macroconspiraciones; estructuras estas, más amplias y abarcadoras en cuyo andamiaje caben las pequeñas y particulares. El Deep State es una de ellas: la suposición de que hay un gobierno oculto tras el gobierno real, alguien que maneja el títere y los hilos de la conducción; las variantes proliferan de gobierno en gobierno, de país en país y de época en época.
Al procesar datos textuales de Wikipedia, arXiv, 4chan, 8kun, transcripciones de YouTube, es posible construir grafos de conocimiento que mapean relaciones entre elementos conspirativos. Los algoritmos de detección de comunidades identifican clusters, o aglomeraciones de usuarios, y revelan cómo narrativas conspirativas diferentes comparten nodos conceptuales, cómo se influencian mutuamente, cómo forman un ecosistema interconectado. Layouts de fuerza dirigida posicionan cada conspiración con sus elementos asociados; y particiones Voronoi estructuran composiciones visuales individuales. A cada punto nodal le corresponde una imagen. Las impresiones de gran formato despliegan, entonces, visualizaciones generadas computacionalmente de redes conspirativas reales—QAnon, teorías sobre el 11 de septiembre, narrativas sobre COVID-19, el antisemitismo histórico, cosmologías reptilianas. Cada conspiración tiene su propia representación simbólica.
Se trata de paisajes de sospechas y relatos; cartografías sobre los laberintos de jardines que se bifurcan y nos proponen semánticas variables, yuxtapuestas, intercambiables y opuestas. El atiborrado laberinto de las posverdad.

Expuesta en la sala, la obra también pide la participación de los espectadores. Embarcados en una función detectivesca, nos lanzaremos detrás de una de las teorías y nos sumergiremos en una pesquisa. La muestra convertida en oficina de investigaciones. En dependencia policial. En un laboratorio de espionaje, tan lúdico como aterrador.

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