Futuro primitivo

visuales de Mariano Giraud y texto de Rom Freschi

Individuos sustanciales
Instalación de esculturas impresas en 3D que se expande con soporte de realidad virtual. Al recorrido tradicional se suma movimiento de personajes, sonido y elementos ingrávidos.
Acf-202
Instalación de esculturas móviles impresas en 3D que circulan gracias a dispositivos inteligentes.

CRUZAR EL AIRE, SOBRE LA OBRA DE MARIANO GIRAUD
por Sra. Lobo Rxm Freschi

Lo oval. Lo que refiere al huevo. Huevo como inicio, germen, semilla, pero también cierto centro, meollo, punto crucial, en cruz. El huevo y la cruz. ¿No era la gallina? Bueno, no solo las aves ponen huevos, también los reptiles, y los anfibios, como los sapos. En los anfibios ocurre lo crucial, viven en dos mundos, dos reinos, dos (o tres, la episteme se juega entre lo binario y la trinidad, o mucho más allá, la constelación) atmósferas, hábitats elementales (tierra y agua, y aire).

Cuando Mariano Giraud diseña sus esculturas parece que está “esculpiendo en el aire”. Los ojos ciegos a nuestro entorno y fijos en una virtualidad que lo conecta al mismo aire pero a otra realidad donde empiezan a gestarse formas que pueden reiterarse o no y adquirir sentido (siempre móvil el sentido, eh) y hasta personalidad suficiente para más tarde ejecutar acciones – dirá el prompt – pero también se puede usar como sinónimo: actuar, o performar.

Mi amado artista del cine Andrei Tarkovski tituló su libro “Esculpir en el tiempo”. Aire, tiempo, imagen, movimiento, espacio. Entre la instalación y la performance, el arte plástico hace un cine – la imagen-movimiento – que se vuelve teatral (¿aurático?). Drama de las cosas, de los materiales. Aunque las dos expresiones tributan al teatro, es posible pensar que, si el cine deriva de la foto, la instalación/performance deriva de la resiliencia de las otras artes plásticas y su sagrada tridimensión (la trinidad) a la que se superpone – tanto en la hechura como en la exhibición – la animación digital y la realidad virtual. Ahí la nebulosa constelada: la galaxia es la pista de skate.

Como pequeños sistemas (solares) de astros y objetos estelares, las instalaciones de Mariano Giraud producen orbitaciones (gira Giraud, y gira Ud.), a veces fijas – circuitos – otras relativamente aleatorias o incluso, generativas. Para habitar un rato. La experiencia es ese rato entre recorridos previstos y/o fortuitos en los que vamos conectando imágenes, senderos, cuerpos, símbolos.

Sin el rato (o el sapo) la instalación/performance es solo una buena idea (eso no es poca cosa). Pero afortunadamente ha sido posible recorrer estos entornos, que podrían resemblar la sensación que tuve durante el recorrido que una cámara realizara por una fábrica inundada, o por los cielos, junto a las aves, sobre un campo pantanoso, y sus aguas, aéreas, de estero fragmentario, que nos llevan a una iglesia medieval. Describo planos-secuencia espectaculares de Tarkovski, pero también puedo pensar en el diseño de Pandora, el planeta de James Cameron. Pienso en el cine porque, como Mariano, soy de esa generación anfibia que, en sus palabras, “crece CON las computadoras”, a la par, como si esa tecnología fuese un compañerx más del colegio.

Pero esto no es cine, porque la interactividad es clave. Nos encontramos ahora con una tecnología que parece, como nosotrxs, haber sobrepasado la mayoría de edad. Interactiva y generativa, produce movimiento, reacciones, acciones que simulan no ser inertes. En ese espejo, como en el de Tarkovski, o también el de Alicia, nos vemos, nos volvemos a ver.

Literalmente, podemos ser scanneados y vernos de pies a cabeza el digital self.  Y resulta que se nos aproximan, o bailan, dos huevos montados sobre aspiradoras robot para lucir semblantes trabajados con figuras, complejas como un Bernini, pero a su vez montadas sobre esos huevos. Parecen Tweedle dee y Tweedle dum. Con eso nos enfrentamos, en un umbral anfibio, inquietante, siniestro automatismo del hombre de la arena de Hoffman, entrevisto por Freud, valle inquietante en el que viven los robots, o los zombies.  Y en alguna esquina, el lobo, (pobre lobo ¿siempre malo? No, apenas se acerca) Y digo “viven” porque es el valle de la duda el único lugar en el que podrían hacerlo ¿acaso están vivos porque se mueven y cargan significado? ¿Y porque están a la vista, diría Schrödinger?  Otra vez es nuestro reflejo el que responde.

Podríamos pasarnos la vida entera en la Oficina del Autoconocimiento – y de hecho, lo hacemos. Y puede ser como un paseo.

Hace muchos años, en 2003, alohamos la muestra Tecnovilla de Oligatega Numeric en Cabaret Voltaire, y unos meses después me ocupé personalmente de editar Fliguel Maus un “poema” compuesto por dibujos/diseño/versos/prosas/comments, en la colección Arte Plegable. Lo volví a leer recién y me reencuentro con estas joyitas para enmarcar el espejo:

“La coreografía influida, generando un concepto de concepto” o “En afuera, inconsciente de ella, la gota neónicamente roja desciende hacia atrás lenta, las curvas que dibuja se trazan en líneas dolorosamente incisivas en el volumen del aire.”

Hace unos días, en un momento de mucho stress, estando en el trabajo, me pude detener a mirar las copas de los árboles por la ventana. Y escribí esto:

“Resulta que es una hondonada. La nada se acomoda en su hondura y la voluntad se mece como un árbol con pleno follaje en la ambigüedad de la primavera. Los pájaros son impulsos zambullidos en panzazos pasajeros sobre el aire invisible y hondo de la nada. Sus picos rasgan lo inconmensurable y rayan lo imperceptible. Sus múltiples direcciones en sus trayectos dibujan una maraña que enreda los pensamientos en todo intento de ser continuos. Sabemos también que hay moscas, y microorganismos. Todos los recorridos quedan abolidos (bibelots) y la imaginación se tranca. Por fin. Hemos llegado a la belleza.”

Lo escribí en el mismo cuaderno donde apuntaba mis notas sobre Mariano Giraud, no tiene otra relación previa, pero ahora lo veo cerca de una nota sobre esos huevos itinerantes. De acuerdo a Mariano, uno representa el sistema nervioso y el cerebro; el otro, la percepción, los sentidos. Así, como el par cuerpo-alma, que pelean como caballos o hermanxs hacia el punto más alto de la esfera astral, Platón concebía la ruta de las almas inmortales en el mundo de las Ideas. Estamos en ese tironeo corcoveante entre lo que percibimos y lo que pensamos. En mi escenita, yo apagué cierto pensamiento para percibir el aire a través de los árboles y los pájaros. Creo que estas obras de Mariano Giraud también nos invitan a recordar que respiramos aire, que eso es lo que hacemos.

Y, mientras, estamos en movimiento, al aire y en el aire. ¡Ojo! (expresión que tiene dos O que se abren como huevos al plato) como todo cuerpo, no estamos libres de colisión ni de encuentro. La vida es sueño, dentro del sueño, trampa barroca no solo para el ojo – y sus dos globos (ovos) – sino para los demás sentidos – del cuerpo, del lenguaje, del espacio interior, exterior, virtual. Una maraña hirsuta este cosmos al que asomamos.

Anfibio
Huevos de ñandú y avestruz intervenidos con dibujos de símbolos de fertilidad -algunos de registro histórico, otros inventados por el artista- son exhibidos como objetos antropológicos, presentados como testigos de un ritual ancestral. Una experiencia de realidad virtual en la que se ofrendan huevos, invocando a la lluvia y a la fertilidad.