Gambeta de caballo (Ver o no ver) - Zancada
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Gambeta de caballo (Ver o no ver)

por Max Rompo, Juan Bergerot y Mariano Kairuz

 

 

Un movimiento extraño, que va para un lado y para otro a la vez. Una movida que desconcierta y resignifica. ¿A cuál de los habitantes de ese universo de 64 espacios se parece más el pase mágico que hacen Bergerot y Rompo en sus tableros librescos? No hay dudas, ¡el arte de B&R es un caballo! Porque cada una de sus imágenes pega un salto que ninguno de los otros ve venir, pasándoles por encima, como en un acto de teletransportación: y todos los demás se quedan ahí, un poco impávidos, con sus limitados un-solo-paso-a-la-vez, o sus trayectos resignadamente rectilíneos, sus previsibles diagonales.

Es un caballo que se permite además, cada tanto, ese otro giro habilitado pero siempre inesperado, un poco arbitrario, el enroque, que pone fuera de lugar, da vuelta, diciendo tanto con tan poco en un –atención— ahora lo ves, ahora no lo ves.

Para quienes ya conocieran las aventuras previas de estos dos, suerte de asociación ilícita de prestidigitadores semánticos, quizá se trate menos de una revelación que una evolución (un salto evolutivo) en un método que vienen desarrollando desde hace tiempo. Busquen los Papertracks: ahí el recurso clave era la elipsis, la interacción improbable que ponía en línea dos piezas provenientes de mundos distintos pero genéticamente vinculados –música y literatura—, borraba la parte más evidente del vínculo, y los chocaba dentro de un mismo plano para abrir una nueva dimensión de sentido. Frente a un papertrack uno apaga un sector de su cerebro por un momento para volver a ver una de las partes; luego otra, y de pronto, magia, todo junto.

Los tableros de R&B son la evolución de ese truco mágico de los papertracks porque lo llevan a su mínima expresión, casi a un código binario, de blancos y no-blancos. Los miramos por unos segundos un poco desconcertados, y de pronto decimos ¡aaah! y vemos el tremendo yobaca que metieron otra vez sin que nos diéramos cuenta. Cada vez más sencillo en sus elementos y múltiple en sus lecturas, como un código de barras, o un ajedrez dinámico, que se juega ya no sobre un ocho x ocho sino en una suerte de cuadrado de QR; y en el cual entre unas zonas y otras se abre un abismo ínfimo e infinito donde cabe un universo entero.

 

Sobre Juan Bergerot, Max Rompo y Mariano Kairuz:

Durante cinco años ininterrumpidos Juan Bergerot y Max Rompo compartieron escritorios en una editorial. Aunque nunca tuvieron otra idea, la pandemia y el home office los obligó a buscar con qué suplir las pausas entre cafés, que se empecinaron en convertir en intensas reuniones de trabajo que nadie encargó ni necesitó nunca. Sin embargo -y tal vez impulsados por las ocurrentes intromisiones de Mariano Kairuz-, pueden contar una serie de colecciones imaginarias que han desarrollado en varios formatos y en torno a no más que dos o tres temas  (libros, música y redes sociales). Quizás la lectura en común que pueda hacerse de ellas tenga que ver con el ejercicio de un experimento narrativo nacido como efecto secundario del aburrimiento, o de un principio de ludópata. Lo importante es que ellos generalmente lo ignoran todo hasta que Mariano Kairuz se los explica.



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