Sed

obras visuales de Angelica Chío y poemas de Melisa Machado y Gabriel Gargurevich Pazos

 

 

ZONA HABITABLE & HIDRIAS
por  Angélica Chío

 

ZONA HABITABLE

En astrobiología se conoce como zona habitable a la región alrededor de una estrella donde las condiciones son adecuadas para que un planeta pueda albergar vida tal y como la conocemos, siendo el factor más esencial la presencia de agua líquida en su superficie.

Mientras que habitar se enfoca en el lugar físico, la vida, en cambio, se refiere los procesos biológicos, las funciones vitales y la forma de interacción. En los seres humanos, vivir implica también la experiencia de la existencia.

En el conjunto de obras que presento exploro las propiedades del agua, su importancia y su significado en nuestras formas de vivir y habitar cotidianas

***

HIDRIAS, 2024

De la serie Zona habitable

A partir de imágenes fotográficas que acompañan las noticias sobre la actual escasez de agua, elaboro siluetas de mujeres acarreando agua en cubetas. Posteriormente transfiero estas siluetas al exterior de diversas cubetas y agrego elementos decorativos adicionales de carácter simbólico.

Utilizo cubetas de HDPE (polietileno de alta densidad) de 19 litros, un envase de amplia demanda en diversos sectores de la industria, que es frecuentemente reutilizado en los hogares y comercios para transportar y almacenar agua.

Con el propósito de resaltar el papel fundamental de las mujeres en el acopio de agua potable, la composición, elementos y colores utilizados se inspiran en las hidrias áticas de figuras negras que contienen escenas de mujeres realizando esta tarea.

Asimismo, subrayo la relación con las vasijas de cerámica a través del color, utilizando cubetas de «segunda», las cuales se fabrican con plástico reciclado y se caracterizan principalmente por ser de color terracota, negro o blanco grisáceo.

 

 

 

 

 


 

POEMAS ESCOGIDOS
de Melisa Machado

 

Guardábamos en ánforas la sal de los ojos,
la dejábamos descansar a buen recaudo.

 

Añejábamos líquidos vertidos por la familia,
sustancias dignas como la leche
la sangre
y aún el semen.

 

Nada de deshechos malolientes,
nada que enlodara la estirpe.

Vasijas con licores exquisitos
mieles y aceites familiares.

 

Odres repletos de sudores,
volcados en situaciones irrepetibles:
incestos, bodas, nacimientos,
noches de vampiros.

 

Lágrimas derramadas en el entierro del mártir
o en el velorio de la abuela.

 

Lágrimas de nodriza loca
y de toda aquella capaz de criar más de tres hijos,
propios
o ajenos.

 

Y estaba el líquido vertido por los tajos,
el derramado por las filosas hojas
expuestas sin aviso o por contrato,
dagas ensartadas en cuerpos jóvenes
como el del Asir
o antiguos como el de Tiresias.

 

Las siervas entraban sigilosas,
recogían sábanas y manteles,
escurrían fajas y pañuelos.

 

“Aunque más no sea tres gotas”, murmuraban,
temerosas de volver pobres y agotadas.

 

Las ánforas sedientas esperaban su premio
o castigo.

 

Altas mujeres como catedrales,
hombres poderosos como percherones.

 

Todos derramaban flujos para el acopio familiar.

 

Y siempre las doncellas recogiendo frutos.

 

El licor generado era mercancía exquisita.

 

Fragmento de El lodo de la estirpe (1998)

 

***

 

III-

La perfección es este hielo

sorpresa de agua en los pies.

Ojos lamidos por la fiebre

sabor del nombre diluido en la boca.

 

IV-

En el extremo de las manos

la oscuridad es tan suave

como tu lengua atravesando mi cerebro.

 

V-

Cuaja el vértigo en tus ojos.

Un suplicio de peces traga la piedra de tu lengua:

pájaros lúcidos al borde de las clavículas.

 

VI-

Los huesos de tus orejas cortan las flores ocultas de la lluvia.

«Tu silencio es perfecto, como un odre que no gotea».

De mí no queda nada, sólo esta luz que me atraviesa.

 

VII-

La jauría desmenuza las caricias,

despedaza la zozobra de tu aliento.

Los cabellos pulpos enredados en los dedos.

Piernas puras como esclusas.

No hay más poder que éstas:

mis clavículas.

 

VIII-

Dame un vaso de agua de tu regazo de hielo.

Cuídame de los dientes helados.

Me despedaza esta flor que crece debajo de mi lengua.

 

de El canto negro (2013), dedicado a Paul Celan

 


 

Hidria negra

 

Hidria negra

 


SED
por Gabriel Gargurevich

 

Rebosada la cubeta en el corazón, anhelo de todo simio errante, ayuno, me enredo, me expando, en un planeta incendiado.

Bebo de los espejos estrellas,

el sudor no alcanza ni para llenar una botella.

 

¿Qué queda? Saltar desnudo, ofrecerse a los demás, esperar los primeros mordiscos, aquí y allá.

Puro hueso caminando

…………………..vamos por la vida

……………………………..con los ojos en las calles,

inundados de belleza inalcanzable.

La sed nos hace mirar hacia arriba (y a la ventana de enfrente).

 

Víctimas y verdugos, hacemos fila con la cubeta vacía,

latigazos purpúreos amarran al androide fugitivo cuya sangre excita,

al jabalí, el interruptor en sus pezuñas:

Silencio.

 

El murmullo crece de a pocos, ruedan las rocas,

en la oscuridad,

bajan de los cerros,

desembocan en el cosmos, mineralizados encendemos la luz, lágrimas se funden en el ventanal,

naufragamos en el teatro universitario, recién lustraditos, listos para follar,

¡por el amor de Dios!,

¡permítenos volver a deambular por los pabellones A B o C!,

ser débiles desde siempre y montarnos en los tornados de escarcha, sin indicios de sed,

sin rebuscar debajo de las hojas,

ser el agua que besa las piedras y se ruboriza:

 

………………………………Florecer

 

…………………………………………………..Empachados
…………………………………………………………………………….de miel.

 


 

AQUATOR
por Angélica Chío.